El año en ruta: 2015

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Uno de los arcoíris más bellos del 2015 lo disfruté en Culebra.

Cuando la vida se pone en el camino del blogging. Y los viajes. Y las fiestas navideñas y compromisos. No es hasta ahora que puedo hacer un pequeño resumen de mi 2015 en trayecto. Pero, como buena puertorriqueña, nosotros celebramos Navidad/ Fin de Año/ Día de Reyes y algo que nos inventamos que llamamos ‘octavitas’, ocho días extra de jolgorio tras el día de la Epifanía, técnicamente estoy a tiempo.

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Boothbay Harbor, en Maine, está repleto de post card moments como este.

 En muchas ocasiones no me propongo destinos ni hay gran planificación de mi parte hacia dónde me dirijo o lugares a visitar. He explicado que en ocasiones me invitan, lo que significa que es un viaje auspiciado por compañías de turismo u hospederías; me invito yo, me dirijo a un sitio y solicito asistencia de las agencias de turismo y en otras voy estrictamente por mi cuenta. Con el primer estilo de paseo tengo el compromiso de publicar al menos en otro medio, hay mayor estructura y siempre veo “lo mejor y lo más lindo”. Con el segundo, tengo mayor flexibilidad, pero con cierta dirección y estructura y en el tercero hago lo que realmente me da la gana.

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Una dosis de urbanismo entre los muchos edificios gubernamentales de Washington D.C., experiencia que toda familia debería disfrutar.

Ya son 15 años en Miami y me falta tanto por descubrir de la Florida. Este año me dirigí a Dunedin, lo que será mi primer post formal del 2016. Miami me mantiene bastante ocupadita también, con sus muchos restaurantes y hoteles, pero usualmente escribo para otros medios. Aunque nunca sobre aventurarse en la ciudad como turista. En 2015 vi el estreno del reciente crucero Escape Norweigan que tiene un indiscutible sabor a Miami.

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El rooftop de un hotel capitalino es una manera de disfrutar el Viejo San Juan, pude haberme quedado horas ahí arriba.

Creo que desde que me marché de Puerto Rico lo he conocido mejor. Además de recibir los mimos de mis padres, cada visita me inspira a conocer un rincón nuevo. En 2015 por primera vez fui a Culebra, lo sé, shame on me. También visité la costa norte – nueva para mí que no fuera en un paseo de auto, y por primera vez en mi vida me hospedé en el Viejo San Juan, lo que consideré como un nuevo sector, especialmente al amanecer.

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Y aunque prefiero la playa y los flip flops también desafié el frío canadiense.

También revisité la capital de mi nación adoptiva, con todo el familión a cuestas. Conocí nuevas áreas de Maine, disfruté un intenso layover en Boston y caminé por días en Nueva York. Y me di el brinco a Toronto en una de las peores heladas, que obligaba a los dulces canadienses a preguntar: “¿dejaste Miami para venir acá?”.

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Tras pasar estas casitas, me topé con el hermoso mar de Ábacos.

En menos de dos meses visité islitas de las Bahamas, una me enamoró, Ábacos – coming soon – y otra me decepcionó al punto de querer llorar, por supuesto, fue una de esas invitaciones. Cerré el año con una visita a la increíble y encantadora Martinica, un lugar que tenía en mi mira por mucho tiempo, y me di el salto por Nevis.

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Con positivismo – y valija preparada – mirando hacia el 2016.

Aunque no suele proponerme o fijar un destino, en 2016 quiero cruzar el Atlántico al menos dos veces – un viaje se encuentra en proceso. Deseo seguir explorando mi amada isla – y mi Miami – y regresar a Sur América. ¿A dónde irás tú?

 

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