San Juan sereno

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En San Juan abunda el color. A la izquierda, una desolada Calle Fortaleza, al fondo la Mansión del Gobernador, La Fortaleza. Esta bandera puertorriqueña se ha convertido en el photo op de locales y turistas en la Calle San José. Una hermosa casa en Calle de la Cruz.

Cada vez que escribo sobre Puerto Rico no puedo evitar que suena como una carta de amor. Mi isla natal es un verdadero encanto y el estar lejos me hace verla con ojos distintos. Mientras que sus playas son irresistibles, en mi reciente visita ni siquiera me mojé un dedo y me dediqué a explorar el casco urbano.

El Viejo San Juan ha sido un constante, desde chica cuando vivía ahí y ahora cada vez que visito. Es el lugar al que se va a hacer trámites oficiales, a vacilar en el lugar in o el hole in the wall o simplemente se va “a dar una vuelta”. Lo que hizo diferente este paseo fue hospedarme en el mismo centro de la acción, lo que me permitió disfrutar desde una perspectiva distinta. (Más sobre Da’ House después).

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La Catedral de San Juan es una favorita de los fans de la arquitectura. La misma data del siglo 16 al estilo gótico.

Como toda ciudad, el Viejo San Juan es congestionado, su acceso puede ser difícil y en ocasiones es hasta caótico. Pero sus adoquinadas y empinadas calles, sus estructuras coloniales y la brisa del mar que te pega al doblar una esquina aquí o allá te hace olvidar todo eso. Pasas las tiendas y restaurantes trampas turísticas y te topas con artesanos con productos únicos en su clase, el sazón de un fogón particular. En una calle puede haber pura conmoción y en la próxima, es un remanso de paz. La capital puede ser una amalgama de contradicciones.

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La Calle San Francisco. Desde una vivienda privada, a la Alcaldía de San Juan a casas de la era colonial en un rincón ultra tranquilo (a otra hora del día).

Para mí no hay mejor manera de descubrir una ciudad, o en este caso redescubrirla, que caminando. Se ha vuelto mi costumbre hacer caminatas tempranito en la mañana. Siempre he dicho que San Juan es un lugar distinto dependiendo la hora y aunque vi amaneceres ahí, nunca pude pararme en plena calle a tomar fotos sin arriesgarme a recibir un golpe de un auto o un insulto como en esta ocasión.

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La encantadora Capillo del Cristo de la Salud, construida en los 1700, en la Calle del Cristo.
Al seguir hacia la Calle Tetuán la Bahía de San Juan te ofrece un saludo.

En mi recorrido vi uno que otro policía, quienes se dirigían a abrir un café y no mucho más. Horas antes me pareció escuchar los camiones de recogido de basura, por lo que la ciudad no dormía, sólo se estaba tomando su tiempo para iniciar el día.

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En la Calle Tetuán ubica una de las casas más estrechas del mundo.
El lobby del Hotel CasaBlanca, una hospedería boutique en la Calle Fortaleza.

Mi solitario paseo lo inicié poco antes de las 7 a.m., lo que no es una hora tan alocada ni extrema, realmente esperaba encontrarme con más gente. Pero no me quejo, fue un verdadero lujo caminar a mis anchas por los confines de la ciudad. Me quedé entre las estructuras coloniales, los angostos callejones y las casas señoriales. En esta ocasión, me resistí de acercarme al mar, ya que suele ser mi debilidad.

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