Puerto Morelos: el encanto tras Cancún

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El Faro inclinado es el emblema de Puerto Morelos y fue dañado por el Huracán Beulah en 1967.

La estadía en Grand Residences fue una experiencia de lujo y servicio de primera. Pero por muy tentador que pueda ser quedarme postrada en una tumbadora ordenando tragos con sombrillitas, tuve que darme una escapadita a conocer Puerto Morelos, donde ubica el resort.

Esta villa pesquera ubica a unos cinco minutos al sur del resort y parece detenida en el tiempo. El sector se distingue por gente amable, actitud relajada y pequeños restaurantes donde se puede disfrutar una cervecita por menos de $2 y cero cadenas de restaurantes.

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El puerto que solía ser la mayor conexión entre Yucatán y la isla de Cozumel, continúa activo con pesca y diversas excursiones que parten de ahí.

El Merkadito nos ofreció un almuerzo memorable con cremoso guacamole, tacos de pulpo y posiblemente la mejor margarita que me haya tomado. Claro, la ubicación frente a la playa, la constante brisa y el oleaje como fondo musical podría ser parte del atractivo del colorido local de madera.

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La margarita con tazón congelado y los tacos de pulpo más sabrosos hasta la fecha.
Mientras que todo parece muy sencillo, el sabor es fresco y delicioso.

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Otros restaurantes y barras se alinean frente a la arena blanca, donde se puede pasar un día sin mayor preocupación disfrutando del agua y, aunque pocos lugares ofrecen servicio en la arena, sí están dispuestos al servicio de ventanilla.

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En el centro hay oportunidades para comprar suvenires locales y plata. Soy la peor regateadora del mundo, gracias a mis compañeras de viaje, adquirí una calavera artesanal que ubiqué en mi escritorio y cada vez que la miro, me saca una sonrisa. Los vendedores no son insistentes ni fastidiosos, no son de los que te halan de la carretera, pero eso no significa que no quieran aprovecharse de la billetera de un turista. Como la mayoría de las plazas, cuenta con su iglesia y se puede recorrer entero en 15 minutos.

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El centro del pueblo tiene su plaza y oportunidades de compra.

En su momento, el puerto solía ser de los más populares por la exportación mundial de chicle, o resina, pero a los inicios de los 1900 se sustituyó el chicle por material sintético y el puerto cayó en desuso comercial. Puerto Morelos ya no cuenta con rutas comerciales, pero sí muchas excursiones de buceo y esnórquel salen de aquí, en especial hacia el Arrecife Mesoamericano. El área también es conocida por su abundancia de cenotes, un pendiente en mi creciente lista de pendientes.

Muchos reportes indican que la ciudad quiere preservar Puerto Morelos tal cual, pero la Riviera Maya se extiende por unas 80 millas y cuenta con unos 500 hoteles resort, sólo el tiempo dirá si esta villa pesquera conserva su encanto como legado. Caminando por las calles se pueden observar algunas estructuras elevadas que son casas de playa particulares, por lo que la invasión podría estar más cerca de lo que se piensa. Algunos piensan que podría pasar igual que Playa del Carmen, que hace dos décadas era un aletargado pueblito frente al mar y ahora abundan los resorts y comercios norteamericanos.

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La Quinta Avenida en Playa del Carmen es ejemplo de la transformación de esta otrora villa pesquera.
Siempre está abarrotada con turistas y locales. Abajo, las delicias mayas de Yaxché.

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Y fue precisamente a Playa del Carmen donde nos dirigimos para actividad nocturna – un giro de 180 grados del pintoresco Puerto Morelos. A unos 40 minutos al sur del resort está la Quinta Avenida, la arteria principal de este conglomerado de bares, restaurantes y tiendas que van desde lo último de la tecnología a productos locales. Entre tiendas Apple y Forever 21 se encuentran pequeños puestos de dulces y churros rellenos de Nutella y Kinder que son espectaculares. Artesanías de barro y artículos de cuero convergen con las súper tiendas norteamericanas.

En cuestión de gastronomía la mexicana-maya domina. Yaxche es un local que ofrece confecciones inspiradas en la cultura maya con una atmósfera elegante y cool. La Quinta Avenida siempre está abarrotada de turistas, artistas callejeros y vendedores. Fue la mayor acción nocturna de mis días en Cancún, pero mi suite en Grand Residences me llamaba y por interesante que estaba la movida, prefería ver las muchas estrellas que no tienen competencias de luces artificiales y escuchar el oleaje del mar.

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El amanecer en mi último día en Cancún. Mi viaje termina en el Caribe mexicano, pero el de muchos comenzaba.

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