Verano, siempre verano

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Un domingo de paseo por Stiltsville en las aguas de Key Biscayne.

El resto de la nación no ha recibido el memo que en Miami no hay tal cosa como “el fin del verano”. A inicios de esta semana celebramos Labor Day y me hicieron cosquillas los muchos lamentos que vi en las redes sobre la conclusión de la temporada y casi me da penita porque aquí en Miami el verano lo extendemos por varios meses más (siendo conservadora).

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El skyline de Miami downtown como fondo. La diversion tropical no para en Miami con la llegada de septiembre.

Entiendo que el inicio de las clases y el regreso a la cotidianidad que incluye el fastidioso tráfico es parte de este “final”, pero para alguien quien tiene en sus gavetas 23 trajes de baño y unos 11 pares de chancletas, realmente no existe tal cosa como el cierre del verano. Yo vivo verano. Mientras otras compran suéteres y botas para el otoño, aprovecho las baratas de lo que en otras partes del país definen como “out of season”.

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¿Qué más puede una chica pedir? La bahía, la compañía de mi perro y un espumoso. (El capitán no está nada mal).

Me encanta viajar y trato de hacerlo con frecuencia, pero me fascina Miami y la oportunidad que me brinda de disfrutar el mar, de vestir shorts todo el año y exhibir pedicura los 12 meses. Me gusta el clima tropical, los cambios en las hojas los disfruto en visitas a otros lugares, prefiero un chapuzón en la bahía mil veces. Y que nadie me ofrezca la aberración que considero un pumpkin latte, me quedo con mis cortaditos.

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Hasta las tormentas son lindas en Miami. Esta foto con cero filtros, fue captada en el preámbulo de un soberano chubasco.

Claro, Miami no es inmune al paso del tiempo y el calendario trae unos cambios. Los días se acortan, lo que reduce las posibilidades de salir paddleboarding tras un día de trabajo, las increíbles tormentas veraniegas pasan, al igual que la amenaza de huracanes.

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Mi vida en Miami me ha enseñado que no hay tal cosa como un bad boating day.
El sandbar en Haulover es muy popular aunque haya unas nubecitas.

Cuando la brisa se vuelve más fresca y otros lugares son tocados por el invierno, Miami deja de ser mío para compartirlo con miles y miles de turistas. Durante el verano estoy en mi ciudad adoptiva a mis anchas, sin tener que lidiar con multitudes en mis lugares favoritos.

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El sol me da su saludo cada mañana y tiene la amabilidad de hacer un show distinto con su salida cada día.

Pero siempre tengo mar. Soy afortunada de vivir cerca de la bahía dándole cara a Miami Beach. Una corta caminata me conecta a mi Biscayne Bay y cualquier preocupación parece despejarse, así como se apartan las nubes para la salida del sol, espectáculo que disfruto a menudo.

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Acepto la novedad cuando en mi Miami tengo la oportunidad de lucir botas y uno de los tres abrigos que residen en mi armario, pero aún en esos días sólo añoro disfrutar del agua y sol.

¡Que viva el verano y Miami!

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