¿Turista en mi tierra? ¡Claro que sí!

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La Poza de las Mujeres se ha vuelto tan popular que sólo se ve desolada en las mañanas y las noches.
A la extrema izquierda una Puerto Rican cabana.

Aunque estoy convencida que 15 años fuera no me han hecho menos puertorriqueña, estoy indecisa si soy una turista en mi amada isla. No visito con la frecuencia que desearía y cuando lo hago tengo una lucha interna entre explorar y conocer parajes nuevos para mí o pasar tiempo en mi casa con familiares dejándome mimar.

Pero he logrado un balance y lo cierto es que desde que me mudé a Miami he recorrido y conocido más de mi Borinquén que cuando vivía ahí. Lo sé, shame on me. No puedo justificarlo de ninguna manera que no sea pura vagancia y el que siempre pensé que tendría tiempo para tachar esa lista de pendientes en mi cabeza. La accesibilidad y cercanía, después de todo es una isla, promovía mi procastination, “voy después”, me dije muchas veces.

Mi nuevo debate es si mi anhelo de conocer es motivado por patria o porque Puerto Rico es sencillamente increíble. En sus 100×35 millas la isla guarda muchísimas sorpresas para complacer a cualquier viajero. Hay montañas y playa; bosques tropicales y hasta un bosque seco; praderas y mangles; tres de las seis bahías bioluminiscentes en el mundo entero; cañones y lagos… y eso es sólo la naturaleza. “Descubierta” en 1492, Puerto Rico ofrece excelentes muestras de arquitectura colonial y cuenta con una rica historia. ¿Y la comida? Ni hablar, desde la pequeña choza – chinchorro, en buen boricua – con fritangas hasta restaurantes de lujo y los que están entremedio que le han dado un nuevo giro a la comida criolla, se come muy bien. Las mejores cadenas hoteleras del mundo también están ahí.

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En Puerto Rico es prácticamente imposible comer mal: sorullos de maíz, langosta fresca, pez león frito, ensalada de pulpo y trifongo de churrasco. ¡Yum!

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Una caminata alejados de La Poza nos encontramos una playa hermosa y desolada.

Escribiendo estas líneas se me ocurren cientos de posts, pero durante mi reciente visita descubrí que Puerto Rico ofrece 1,125 playas en las que se puede hacer surf, estar en completa soledad o adyacente a un resort; de todo para todos.

En esta ocasión me dirigí al norte, la costa atlántica que se distingue por su oleaje más recio y viento fuerte. Manatí ubica a menos de una hora al oeste de San Juan y su playa más célebre es Mar Chiquita y para los fans del surf y festivales playeros, Los Tubos. Pero también guarda algunas playas vírgenes como la Poza de las Mujeres.

Esta playa solía ser un secreto entre los locales, pero un reportaje, ujum, la ha convertido en una muy popular. Su acceso no es fácil, hay que atravesar un mangle y trepar algunas piedras. Este no es el lugar para antojarse de una piña colada o un snack, ya que no hay nada alrededor, ni siquiera sombra. Quien viene aquí quiere aguas cristalinas, poca profundidad y oleaje sosegado (aunque es el mar y eso puede cambiar). No se escuchan ruidosos estéreos, pero sí puede sentir el olor de las barbacoas.

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Las formaciones rocosas distinguen a La Poza de las Mujeres, pero escalarlas puede ser muy peligroso,
especialmente durante marea alta.

La invitación de otra ‘ex pat’ me colocó justo en frente de esta maravilla donde disfruté de un par de días de adopción del ocio, despedida de la dieta y ver las olas pegar las rocas en una casa de playa donde el viento se paseaba entre las muchas ventanas y puertas. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?

Además del compartir y las risas, las horas mirando el paisaje embelesada, un buen recuerdo de La Poza de las Mujeres es que me di mi primer baño de luna. A la medianoche decidimos que éramos unos egoístas y realmente deseábamos la playa para nosotros. Jamás había sentido el deseo de meterme al mar en completa oscuridad, pero la luz del astro creciente en la penumbra de un paraje virgen fue suficiente para no sólo disfrutar sino sentirme en plena conexión con la naturaleza y mi Puerto Rico. Ya quiero volver y seguir turisteando.

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Dato curioso: La Poza de las Mujeres debe su nombre a que en los años 1600 o 1700 sólo las mujeres de alta sociedad se bañaban ahí. ¿Dónde iban de playa los hombres? En Mar Chiquita. Justo al lado, en la Playa Las Palmas, se ven los atrevidos en boogie boards.

La Poza de Las Mujeres es parte del terreno de Hacienda La Esperanza, otro punto de interés que cuenta con la protección del Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico.

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