¿Llevarías a tu perro de vacaciones? ¡Yo sí!

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Mombacho en la entrada del St. Francis Inn, este perro tiene porte de artista.

No hace mucho alguien me dijo con cierto desdén: “¿y tú llevas a tu perro a todas partes?”. Ya deseara hacerlo, porque mi mascota muestra más educación que muchas personas y es un excelente compañero de viaje. Lo cierto es que desde que adoptamos al Señor Mombacho un nuevo estilo de viajar se sumó a nuestra rutina.

Realmente disfruto mi perro y su compañía. Por él “veo” cosas que no haría de otra manera – como los colores del amanecer cuando pide salir tempranito o caminar un poco más allá para que pueda quemar parte de su inagotable energía, lo que me ha llevado a descubrir tienditas apartadas o arquitectura interesante.

Florida es un estado bastante friendly cuando de visitantes peludos de cuatro patas se trata y la ciudad más antigua de la nación no es la excepción. San Agustín es una vieja amiga. Al cruzar el Puente de Leones siento que me he transportado a otra parte. Me fascinan sus estrechas calles adoquinadas, su cercanía a la bahía y el fortín, tal cual mi adorado Viejo San Juan.

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En las caminatas matutinas con el Mombi tengo a la ciudad prácticamente para nosotros:
Paseo por la rambla frente a la Bahía; 
El Museo de la Casa Más Vieja y la Escuela Más Vieja de Madera. Al final del paseo ya los turistas comenzaban a poblar la Calle St. George.

Como era una visita corta rápidamente dejamos nuestras cosas en el encantador St. Francis Inn, la hospedería más antigua aquí. El B&B que data de 1791 cuenta con unidades que reciben perritos de hasta las 45 libras por $20 la noche y donde siempre encontrarán recipientes con agua y encantadores jardines.

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El Señor Mombacho haciendo guardia frente al Castillo de San Marcos.

San Agustín es muy frecuentado y el estacionamiento puede ser retador, la ubicación céntrica de la hospedería en la parte tranquila de la Calle St. George es ideal para caminar a las atracciones principales pet friendly. Nuestra primera parada fue en Colonial Quarter, un museo viviente en el corazón del downtown que hace un recorrido por la historia del San Agustín colonial con demostraciones de la vida en esa ciudad en sus diferentes etapas de dominio español y británico. Grimm es buenísimo como guía, no sólo conoce mucha historia sino que tiene una gran habilidad para improvisar. Aprender entre risas es una de mis actividades favoritas. Mombi subió sin problemas la réplica de torre de vigilancia del siglo 17 que ofrece increíbles vistas del fuerte y el mar.

En los predios se encuentran la Taberna del Caballo y Bull & Crown Publick House, escogimos el último para un refrigerio vespertino antes de continuar. Lo lindo de andar con el perro es que todos nos detienen a darle caricias y halagos. Él nos ayuda a romper el hielo y hacer conversación. Los niños lo encuentran irresistible como comprobamos en los terrenos del Castillo de San Marcos. La fortaleza no le permite entrada, pero puede pasearse a sus anchas, recibir la admiración que tanto le gusta y nosotros disfrutar la exquisita brisa costera.

Retomamos nuestro camino por la Calle St. George con sus peculiares tiendas y puestos. Mombi tuvo la oportunidad de descansar y cenar mientras disfrutamos de la hora del té en St. Francis Inn. En el balcón de nuestro cottage disfrutamos un vinito mientras él exploraba el jardín. Si vamos de paseo con el perro no es para dejarlo en el hotel a solas y para cenar teníamos varias opciones de alta gastronomía que lo reciben. Nos dirigimos a O.C. White’s, una institución en San Agustín, que además de servir lo más fresco en mariscos, ambiente animado y deliciosas sangrías, brinda una linda vista al famoso puente.

A nuestro regreso escuchamos los acordes de jazz provenientes de Stogie’s durante una última caminata antes de dormir. Cuando sacamos a Mombi de su rutina suele levantarse más temprano de lo usual. Pero lejos de molestarme es una manera de salir a caminar y ver la otra cara de la ciudad en sosiego y soledad.

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El Parque Arqueológico de la Fuente de la Juventud ofrece increíbles vistas al Río Matanzas en la Ensenada San Agustín.
Con 208 pies de alto, la cruz es considerada la más alta del mundo. La espesa vegetación acoge artefactos de la era colonial y pavos reales que fascinaron al Mombi.

Tras el desayuno en St. Francis Inn – para los humanos solamente – enfilamos al otro museo que recibe canes: Museo del Hospital Militar Español, donde pensé que podría desmayarme por la explicación de las técnicas quirúrgicas de siglos pasados que solían ser bastante drásticas durante los tiempos de guerra.

Para caminar a nuestras anchas nos dirigimos al Parque Arqueológico Fuente de la Juventud. La locación de la Fuente de la Juventud es el primer asentamiento de San Agustín que data de 1565 y también era el hogar de los indios Timucua, que sólo tenían cinco mil años de residencia previa en la Florida. Además de presentar hermosas vistas del agua, ver pavos reales – algunos albinos – artefactos arqueológicos, se ofrecen demostraciones de disparar cañones y arquería. Por supuesto, no nos fuimos sin antes tomar un traguito de agua del manantial que estoy convencida retrasará las arrugas.

Ya de regreso nuestra última parada fue el Faro de San Agustín, en mi opinión, uno de los más pintorescos de la Florida que data de 1874. Mombi sólo es permitido en los predios y jardines y la exhibición de construcción de botes. Ahí sostuvimos varias discusiones con otros visitantes sobre el pedigrí de nuestra mascota. A nuestro entendimiento él es un Miami Terrier, directo del refugio de animales. Fue encontrado en la calle junto a sus hermanitos y hoy día no sólo nos tiene a sus pies, sino que nos ayuda a descubrir rincones de Florida.

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 ¿Backpack o valija? Florida es muy casual y aquí se camina mucho, un backpack con varias opciones debe ser suficiente. Eso sí, empacar para el perro es otro asunto que pronto tocaré.

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