Atlantis… La otra Bahamas

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Cae el sol en Junkanoo Beach cerca del puerto.

He tenido la oportunidad de visitar algunas islitas de Las Bahamas en plan personal y para escribir, pero me había saltado a Nassau. La capital de este archipiélago consistente de unas 700 islas y cayos siempre es muy mencionada en las otras islas en referencia a su aire de “gran ciudad” y como muchos la han abandonado porque hay mucho tráfico o porque “le falta alma”.

¿Pero qué tan mala puede ser una isla rodeada de agua cristalina, gente amable y buena comida? Tristemente me di cuenta que de esas tres, sólo conseguiría dos al hospedarme, no por elección, en el famoso y muy mercadeado Atlantis Resort.

El mega resort cuenta con unos 30 restaurantes, pero cuando pregunté al amable hombre del mostrador principal cuál me recomendaba para una ensalada de caracola, carrucho de donde vengo yo, su rostro adoptó gestos y muecas hasta que tuvo que decirme que no podía sugerir ninguno, que ese tipo de comida típica era servida congelada en el hotel. Estoy convencida que a él le dolió más decirme eso que lo que me dolió a mí escucharlo porque moría de los antojos.

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Una porción del mega resort.

Atlantis es un resort que se ha dedicado a complacer al turista, sin exponerlo a la cultura autóctona. Es probable que esto se deba a que sus dueños son extranjeros. También existe la posibilidad que el consumidor de Atlantis no desee conocer la cultura de la isla y está feliz con comer wraps al lado de la piscina o dejarse llenar los ojos con el buffet. Cada cual tiene su estilo de vacacionar y eso está bien, pero este definitivamente no es el mío.

Este hotel se divide en varias torres que ofrecen diferentes presupuestos, pero mayormente pretende ofrecer un paraíso manufacturado, la ilusión que se está en un lugar distinto, lo que parece risible por la linda playa que opaca todo el concreto y artificio.

Me encontraba ahí por trabajo, no es el primer sitio que visito por esa razón, pero sí se sintió como tal ya que me sentía tan lejos del paraíso bahameño que conozco con su enorme casino, clubes y restaurantes de lujo que no servían mi principal antojo. El acuario es interesante, aunque los delfines para las experiencias de encuentro parecen estar en un lugar muy pequeño.

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Entre Bay Street y Arawak Cay pude obtener una probadita de las Bahamas. Un puestito junto a la Playa Junkanoo, algunas de las participantes del primer Carnaval Junkanoo y mi preciada ensalada de caracola que encontré en el Fish Fry.

Al menos tuve la oportunidad de escaparme y ver algo más de Nassau que no fuera hotel. Nos dimos la vuelta por el centro que estaba repleto de los turistas de cruceros. También tuve la oportunidad de ir al área de fish fry y consumir mi anhelada ensalada de caracola rodeada de locales y su amabilidad.

El gobierno de Las Bahamas reconoce que Nassau se ha dedicado demasiado al turismo y no ha promovido su cultura entre los miles de visitantes que reciben cada año. Por tal motivo a inicios de mayo lanzaron el primer Carnaval Junkanoo con impresionantes conciertos y despliegue de la cultura bahameña con caravanas de bailarines en elaboradas vestimentas tocando ritmos autóctonos.

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Este atardecer me convenció de regresar en diferentes condiciones.

Espero regresar a Nassau con más tiempo y explorar tal vez Cable o Cabbage Beach, preferiblemente en un hotel – mejor, B&B – chiquitito. Creo que me hizo falta escuchar las olas del mar desde mi cama y observar el cielo estrellado tan elusivo en Miami.

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