Redimida por la naturaleza en Trinidad

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Muchas veces me dirijo a un lugar con conocimiento básico del destino. Prefiero hacerlo así en lugar de mirar incontables fotos y leer extensas reseñas, porque me he dado cuenta que dejar espacio para sorpresas es mejor que crearme altas expectativas; si algo no resulta como lo esperaba, luego me sentiría desilusionada.

Mi visita a Trinidad hace unos meses fue agridulce. Conocí un Caribe muy distinto, con gente amable y deliciosa y extremadamente variada gastronomía. Pero ningún manual ni escrito me hubiera preparado para ciertos contratiempos que no vale la pena revisitar que afectaron mi apreciación general de esa isla. Creo que nuestras experiencias le dan forma al lugar y cuando la pasamos divino el destino es mágico, cuando no, hay mucho que reevaluar. En un viaje muy retador sí hubo un momento que fue estupendo.

Algo fastidiada por el calor – hace mucho calor aquí, todo el año – esperé sin mucha paciencia flotando sobre las aguas de las Marismas de Caroní. Aunque dicen que son muy puntuales y que nunca faltan a su cita, llegué a temer que en un viaje tan accidentado también me dejaran plantada. Pero poco a poco comenzaron a aparecer. Primero fue el revoloteo, luego los primeros puntos rojos aparecieron en el aire. Por los siguientes 20 minutos bandadas cubrieron el espeso manglar, al punto que el rojo dominaba entre el verdor.

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El ibis escarlata es el ave nacional de Trinidad.

Por un momento olvidé el sofocante calor y hasta sentí una brisa. ¿Sería el movimiento de las alas? Estos visitantes son los elusivos ibis escarlata, la atracción principal del recorrido en balsa de la Reserva Ornitológica de Caroní en la costa oeste de Trinidad, a unas 10 millas de la capital Puerto España. El ibis es el ave nacional de esta isla caribeña y es el punto culminante de un sosegado paseo por las lagunas, canales y manglares de este pantano.

No sabía qué esperar. Muchos desafían las altas temperaturas que caracterizan a esta isla para disfrutar de este espectáculo de la naturaleza sobre una amplia barcaza sin techo en el trayecto al punto de encuentro entre las seis mil hectáreas de mangle. En los diferentes canales se pueden observar caimanes, búhos, serpientes y arañas, entre otros.

El intenso color carmesí de los ibis proviene de los pigmentos que tienen los crustáceos de los que consiste su dieta. Los cientos de aves se reúnen ahí para anidar por el resto de la noche. Los ibis escarlata son comunes en el norte de Venezuela, zona oriental de Colombia hasta el Brasil meridional.

Este espectáculo de la naturaleza realmente levantó mis semblante y me permitió deshacerme de mis recelos… al menos por un rato.
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Fuera del manglar

Trinidad es un Caribe diferente. No es el típico destino con hotelitos frente al mar ya que está dominado por su robusta explotación petrolera y mucho de su litoral tiene función industrial. Tampoco me topé con un Trinidad de Carnaval, aunque sus ritmos de soca y calipso y las bandas se encuentran por doquier.

Tras la buena experiencia en la reserva ecológica al día siguiente nos dirigmos a la playa. La más popular, Maracas Bay, queda a una hora desde el centro. Pero vale la pena el viaje por la escénica ruta entre el bosque tropical. Una vez en la playa de extrema limpieza y belleza, encontrar una palma donde resguardase del sol es primordial para disfrutar el día. Este balneario es tanto para el disfrute de los locales y turistas.

Pero una de las mayores atracciones de Maracas Bay es en tierra firme. Junto al estacionamiento hay varios puestos de bake n shark, la versión trinitaria de los Johnny Cakes caribeños con tiburón frito entre medio. ¿Qué clase de tiburón? pregunté y como respuesta recibí una encogida de hombros. Cual sea, el tiburón del día, estuvo riquísimo, después de todo estaba frito. En un lugar de buena comida y muy lindos restaurantes, este fue mi favorita. Tal vez por su simplicidad, por su rico sabor. Porque me hizo sentir Caribe y playa.

Siempre hay una lección en todo. Y con la distancia y el tiempo mis reservas ante Trinidad han mermado y me gustaría regresar.
***En Trinidad aprendí que el área norte es la que está bordeada por el Mar Caribe. Al este se encuentra el Océano Atlántico y al oeste el Golfo de Paria.

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