Coleccionista de experiencias

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¿Quién soy? Una coleccionista de experiencias: no ocupan espacio, no requieren limpieza y duran toda la vida.
Cuando se acerca un cumpleaños la pregunta más difícil de contestar no es la edad, sino qué quiero. Es duro porque no muestra mucha educación ni una gran apreciación de la realidad decir: ¡conocer el mundo!

En estos días ronda por el Internet un artículo dirigido a cómo es más importante gastar – o invertir – dinero en experiencias como viajar en lugar de adquirir cosas. Para mí no es algo nuevo, no soy inmune a la tentación de un nuevo vestido o bolso o mi lipstick #80, pero el dinero que mejor he gastado, del que no me arrepiento ni provoca dudas, ha sido en viajes, algo que no pasa de moda.

Dicen que el dinero no compra la felicidad, pero sí facilita el conocer, ver y crear memorias. Cada viaje, visita o vuelta me ha enseñado algo que ha aportado a la persona que soy. También soy una gran fan de emplear mi dinerito en buenas cenas y reuniones con amigos. Al final de mi vida, no creo que tenga tanta importancia el auto que manejaba como los momentos vividos entre descubrimiento y risas.

La adicción a ver y descubrir comenzó al iniciar la universidad. Durante el año académico juntaba lo que pudiera y cada domingo miraba las ofertas de la sección de viajes para alzar vuelo cada verano, (sip, previo al Internet). Cuando descubrí los viajes a través de la universidad, se abrió una nueva gran opción, cinco países europeos y una decente porción de México en arduas rutas en autobús por precios de, pues, estudiante, pero que al mirar hacia atrás me provocan una enorme sonrisa. Con los años escribir sobre viajes me encontró a mí y fue uno de esos momentos duh!

Aunque tengo el gran privilegio de recibir invitaciones a destinos por compartir mis historias – algunos que posiblemente no podría costear – me mantengo firme que es el dinero mejor gastado y viajo mucho por mi cuenta, el ganar un cheque o unos clicks es secundario. Me ayuda también que considero un paseo al río un viaje. No necesito algo extravagante para sentirme “de viaje”. Una salida de un día para recorrer los Everglades en un airboat la asumo con el mismo entusiasmo que cruzar el Atlántico.

Viajo para descubrir y explorar. Viajo para crecer. Viajo para desconectarme. Viajo para tratar cosas nuevas, en tránsito soy atrevida, curiosa y lanzada. Viajo porque hay un mundo entero esperando para dejarse ver. Y por último, viajo porque el regreso me hace apreciar mucho más mi casa.

¿Por qué viajas tú?

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