San Diego: en el mar la vida es más sabrosa

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El kayak es muy popular en La Jolla Shores. Una excursion no sólo brinda fascinación en el agua, sino excelentes vistas.
Vía Annie Pearson sandiego.org

La costa de San Diego se extiende por 70 millas, lo que provee una gran cantidad de playas y pueblos muy distintivos. Las vistas a la playa tienden a embelesar, es como si el Océano Pacífico estableciera su presencia de manera muy sublime, pero imponente. En cada vuelta se le observa y hasta por la autopista es difícil no verlo. Mucho azul, mucho poderío.

Durante la visita dedicamos un día a visitar las diferentes comunidades. En cuestión de millas se puede pasar de un vecindario de dinero a uno más humilde, pero todos comparten la misma costa.

El recorrido lo comenzamos en dirección hacia el norte en La Jolla, una comunidad pudiente, que revela su estatus entre sus mansiones y listados de bienes raíces, porque todos son muy amigables y el estilo de vida de surf domina. Esta es la zona a la que aquellos que sienten respeto por el agua deben dirigirse porque ahí se encuentran el Museo de Arte Contemporáneo, el Instituto Oceanógrafo Scripps con sus vistas de infarto, el Acuario Birch y el impresionante campus regional de la Universidad de California. Y ni hablar de las tiendas, restaurantes y cafés en la Calle Prospect.

La Jolla Shores, parte de La Jolla y a unos 15 minutos del centro, es el lugar para practicar esnórquel y buceo. El área cuenta con el Parque Submarino y Reserva Ecológica San Diego-La Jolla y la Cala La Jolla es ideal para aquellos que se inician en estas actividades porque sus arrecifes ayudan a que el oleaje sea manejable. Distintos operadores de tours ofrecen excursiones para explorar las Siete Cuevas de La Jolla.

Muchos aprovechan su visita para aprender a surfear en este oleaje sosegado y porque es tal vez el mejor souvenir que pueden llevarse de California. La Jolla se extiende por más de una milla hasta llegar a la Playa Black’s, para los surfistas más experimentados que no pongan reparo en subir el empinado acantilado tras una sesión. Tal vez por la difícil accesibilidad de Black’s, ahí se encuentra una playa nudista, así que además de resistencia para escalar también hay que tener mente abierta u ojos cerrados.

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El Muelle Municipal de Ocean Beach se adentra media milla en el océano. La playa Dog Beach es muy popular entre los canes y sus dueños. Vía OceanBeachSanDiego.com

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Confesión: mis tobillos fueron lo más que se mojaron en estas playas, pero espero que en mi próxima visita – porque voy a regresar – pueda haber desarrollado la valentía y piel de anfibio para darme una zambullida. (Claro, un wetsuit también me funcionaría). Familias se vuelcan a esta zona y es muy lindo ver las personas teniendo estas experiencias, muchos por primera vez.

Mis reservas no impidieron disfrutarme la costa, tras unos ricos tacos en The Taco Stand emprendimos rumbo sur y esta manejada quedará como una de las manejadas más memorables de mi vida.

Ocean Beach me llamó la atención por su aire hippie y súper relajado. En áreas verdes junto a la arena se llevaban a cabo clases de yoga, de malabarismos y círculos de tambores… en pleno jueves temprano en la tarde. La vibra era de total goce y despreocupación. Aquí las viviendas no son lujosas, pero tienen mucha personalidad. El distrito histórico incluye una variedad de cottages y búngalos que datan de 1887-1931. Newport Avenue, la calle principal, es conocida como el Distrito de Antigüedades.
Este vecindario ha defendido a sus pequeños negocios a capa y espada y es de las pocas áreas que cuenta con pocos comercios de cadena. Incluso, hasta lograron bloquear la apertura de un Starbucks hace unos años. Lo ideal es agarrar un café de Lazy Hummingbird y pasear por su muelle, uno de los más largos en el sur de California.

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El legendario Hotel Del Coronado y el paseo peatonal junto a la extensa playa de arena blanca.

De Ocean Beach pasamos al vecindario de pueblo resort Coronado, prácticamente fuimos de un extremo al otro. La atmósfera sigue siendo muy relajada, gente sonriente con bronceados y en shorts, pero el lujo es evidente entre las mansiones y los carrazos. Coronado es una península, una franja de tierra entre la Bahía de San Diego y el Océano Pacífico que acoge una hermosa playa, un hotel histórico y un downtown con mucha actividad.

El paseo peatonal tras el Hotel Del Coronado – los locales le llaman El Del – es un infaltable, al igual que saborear un helado o un trago en la barra de la hospedería que data del 1887. La avenida Orange tiene una gran variedad de tiendas y restaurantes.

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El muelle en Imperial Beach permite observar los surfers y hacia el sur México,
Tijuana queda a unas cinco millas desde aquí.

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Mr. Backpack me dijo de llevarnos los pasaportes para una excursión a Tijuana. La tentación me pareció tanta que dejé los documentos en casa. Imperial Beach también cuenta con un extenso muelle desde el cual en un día claro se puede ver México. Es increíble pensar que estábamos a pocas millas de otro país, así como así.

Desde el puente pudimos observar a surfers en lo suyo, esta playa es el segundo mejor punto en San Diego para ese deporte. Este muelle también es un punto favorito de pesca e ideal para observar un atardecer. El área del downtown es menos desarrollada, menos barras o cafés y da un feeling de desolación. Pero la acción se concentra en el agua y la arena, donde se pueden ver familias y grupos jugando desde soccer a voleibol.

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