Las chancletas por esquís: esquiadora novata

Las caras de perplejidad de las niñas desplazándose con gran destreza y exquisitamente coordinadas de pies a cabeza como conejitas de nieve lo decían todo: ¿de dónde salió esta loca? Se referían a mí, quien hacía lo imposible por ponerme en pie y desenredar las extrañas maneras en la que mi cuerpo estaba contorsionado sobre la nieve.

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La estampa ideal del esquí: pura felicidad y facilito, casi natural. vía Snowmass Aspen

A la puerta de mis 40 decidí esquiar por primera vez. Y nada más que en Aspen, considerada por expertos entre las montañas más retadoras en los Estados Unidos. Y sí, el exquisito pueblito entre las montañas de Colorado cuenta con cuatro picos principales: Aspen Mountain, Highlands y Buttermilk, donde los Extreme Games Invernales se llevan a cabo. Pero no hay que dejarse intimidar, la región de Snowmass no sólo tiene un ambiente más familiar, sino montañas para primerizas cuarentonas.

Las impresionantes Montañas Rocosas nos mantuvieron embelesados durante la manejada de unas cuatro horas desde Denver. La llegada vespertina no me permitió absorber la belleza natural del área. Necesité acostumbrarme a la altura y al aire tan finito, por lo que enfilé temprano al lujoso St. Regis Aspen Resort. Al menos desperté a hora Miami vi salir el sol e iluminar la majestuosa Montaña Aspen. Y entonces, tragué duro. En pocas horas tendría que controlar el terror ante la locura que es deslizarse en unos aparatos aerodinámicos montaña abajo.

Aspen Skiing Company administra las montañas y ofrece diversos programas de clases de esquí o snowboard para todos los niveles. Dado a que estoy más acostumbrada a chancletas que esquíes, la instrucción privada fue mi mejor opción.

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La villa de Snowmass tiene un centro muy activo que parece sacado de una postal. vía Snowmass Aspen

La montaña Snowmass, en la villa del mismo nombre a poca distancia del centro de Aspen, parece una postal. En la base hay una diversidad de tiendas y restaurantes, mucho bullicio y actividad. El pasado enero me tocó un día perfecto para aprender con mucho sol y mi instructora Kate Howe me llevó de la mano y tuvo las palabras correctas para calmar el miedo a romperme todo. Además de lo exigente que el esquiar puede ser físicamente, para un novato (de cierta edad, especialmente) requiere extra esfuerzo mental por las posturas y el equilibrio.

Tras ponerme las botas y medir mis esquís tuve que tomarme un descanso. Mis destinos más frecuentados son tropicales, por lo que me costó un poco acostumbrarse a toda la indumentaria para estar en la nieve. El inicio fue dar pasos de lado con un solo esquí, luego avanzando con el movimiento de patinaje en el área llana. Mientras, Mr. Backpack se marchó a las pistas azules tras más de 15 años sin esquiar y me demostró que esta destreza es como andar en bicicleta, una vez se aprende no se olvida.

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La telesilla probó ser mi archienemiga en todo este asunto. vía Snowmass Aspen

Poco a poco fui progresando. Con la ayuda – emocional y física – de Kate fui deslizándome una y otra vez por la pista de principiantes con mis pies apuntando hacia adentro controlando la velocidad casi en cuclillas, practicando cómo detenerme y cómo caerme también. Chiquilines zumbaban a mi lado, pero yo sentía gran emoción y hasta me sentía orgullosa de mi despliegue.

Ni siquiera me di cuenta que era la hora del almuerzo y muy para mi sorpresa Elk Camp Café tiene una exquisita variedad de sándwiches, pizzas y ensaladas en un ambiente casual elegante. Algunos le llaman cafetería, pero en pocas cafeterías se puede disfrutar un split de espumoso, exquisitos quesos y soufflés, entre otros.

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En mi mente me veía así, toda una Picabo Street boricua. vía Snowmass Aspen

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Pero la realidad era muy distinta… Lo importante es divertirse, ¿no?

Revitalizada regresé a la faena; en cuestión de horas me había graduado a la pista verde, convencida que lucía como una esquiadora alpina, con pocas caídas y conectando giros. La adrenalina fluía y quería más hasta que confronté mi gran reto: bajarme del telesilla. Las primeras veces bajé sin darme cuenta mientras conversaba con Kate o, mejor dicho, me bajé de su mano. Cuando ella quiso explicarme la técnica mis neuronas se apagaron y mi cuerpo no pudo más, todas las veces siguientes acabé en la nieve. Ahí fue cuando las niñas no sólo quedaron perplejas mirando mi cuerpo doblado en maneras que ni una experta en yoga, mi lenguaje también fue muy florido. La inhabilidad en bajarme del telesilla me indicó que tal vez era tiempo de tomar un descanso. Al menos existe el après ski (sigan en sintonía) para aliviar la frustración.


Pura coincidencia que en este video que NO está en cámara lenta, repito, es la velocidad real, no me caigo ni una sola vez.

Al día siguiente atacamos la montaña y pude practicar lo aprendido. El ánimo permanecía, pero mi cuerpo no estaba en la disposición de otro maratón. Tras dos días mi intención no era convertirme en una profesional, sino añadir una habilidad recreativa para practicar en familia. También el probarme que nunca es tarde para aprender… por muy difícil (y espantoso) que parezca.

* La temporada de esquí ya se encuentra en su apogeo en Aspen y entre su personal se encuentran instructores hispanoparlantes, especialmente de Argentina y Chile. Siempre se debe considerar el esquí primaveral, cuando aún las montañas cuentan con suficiente nieve (en ocasiones se ha esquiado en junio), hay menos gente y los precios son más accesibles. Aspen Skiing Company siempre puede diseñar un plan individual de instrucción o se puede participar en clases grupales.

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